3.03.2013

Velada de Santa Lucia 2013






La Velada de Santa Lucia es ese relámpago que atraviesa el centro de la ciudad una vez al año. Es donde se derrumban los museos y se olvida ese silencio sepulcral de las salas de exposición. Si alguien tiene algo que decir seguramente lo dirá en esa velada. Ingenua sería si tratase de verbalizar todo lo que allí encontré, toque, me aleje y a quienes saludé, por lo que hablaré de momentos, de mis momentos.



Como todo centro de cualquier ciudad en subdesarrollo las ocho de la noche es un sartén con aceite caliente, olor a carne y a movimientos húmedos, cada ente es independiente, grupos de muchachitos blancos, familias enteras, coches de bebes para llevar cervezas, tul, botas, ojos sobremaquillados, estatuas fluorescentes, carne, el fuego, algodón de azúcar, cumbia y hip hop,  los pelos de los brazos empapados en sudor, y aun no llegábamos a la plazoleta…



Al terminar de subir allí estaba ese río de de cabezas desbordándolo todo y como quien arranca una bandita nos unimos al cause. Cada casa un tema, cada living era un grito desesperado, desde tímidos lienzos hasta complejas instalaciones con agua e hilos de pescar, habitaciones de hojas secas, un álbum con la cara de un cuarentón triste, escucho mi nombre y recibo un abrazo y unos rulos me ciegan por unos segundos, una puerta  con un personaje dibujado con azulejos de jabón, infinidad de ilustraciones de coños, algunas vergas, rosarios, ese muchacho de pelo largo con el violín, un par de alemanas con escarcha en el rostro, maquina de espuma, alguien me sonríe y su abrazo me ensordece un poco, nos decimos algo, reímos  y nos perdemos de vista, un hombre juega a pescar en lo alto de una casa, la iglesia brilla al igual que todos, chorreamos pero seguimos andando.



Agradezco no haberme llevado esa chaqueta.





Todos hablan, se ríen, se burlan, preguntan, y los niños son los mejores comentaristas del lugar, aun no saben mentir muy bien y mucho menos disimular así que  cada cosa a su paso les saca de la boca las frases mas brillantes.



De vuelta nuevamente a la plazoleta, instalados estaban unas personas con micrófonos y cajas con cientos de cables que salían de ellas, alguna clases de música que no pude identificar pero que al parecer es popular, los cuerpos se movían intentando imitar el sonido de los altavoces, sentí lo que luego llame Principio de brecha generacional.



De una sola casa me quede prendida, en un espacio algo pequeño se proyectaba sobre una de las paredes la imagen de un hombre con la cara cubierta por  un mecate, en la otra pared unos treinta cuadros de caras pintadas con las manos, caras deformes, en aire era insoportable, tan rápido como entre tuve que salir de allí, algo me decía que si me quedaba un rato más alguien me haría daño, un hombre más fuerte que yo…   





Muy pocas fotos tomé y las que muestro son de baja calidad, me tendrán que disculpar pero entre tanto que paso olvidé tomar fotos, pero estoy segura que las redes sociales están plagadas con fotos de lo sucedido, todas las paginas de eventos de la ciudad y algunos internacionales tendrán registro profesional de esto, así que solo tienen que buscar.



Maracaibo es una ciudad divina, aunque se empeñe muchas veces en demostrar lo contrario.



¿Asististe? Cuéntame que te pareció.



Abrazos.

Diana.

1 comentario:

Ana Iherina dijo...

Qué bonito lo redactaste todo.
Nunca he estado en Maracaibo, pero a medida que iba leyendo pude reconocer un escenario parecido en Perú.
He recordado uno de los distritos más humildes y a la vez más alegres donde me ha tocado vivir. ¡Ay, pero de veras lo extraño en este momento y yo ando tan lejos!.
Saludos.

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